Para ti, que estás de pie en un campo de batalla invisible — Pastor David Jang (Olivet University)


La guerra invisible continúa aun en este preciso instante. A través del sermón del pastor David Jang, descubra la realidad de los “principados y potestades” y la profunda visión teológica de victoria que ofrece toda la armadura de Dios.


La luz de Rembrandt y la lucha en medio de la oscuridad

El pintor neerlandés del siglo XVII Rembrandt van Rijn plasmó en su obra Jacob luchando con el ángel uno de los momentos más desesperados del ser humano. En un fondo cubierto por una profunda oscuridad, Jacob pasa toda la noche forcejeando con un ser invisible. Lo que llama la atención es la dirección de la luz en la pintura. La luz no brota del rostro de Jacob, sino que proviene de su oponente en la lucha. Esa misteriosa luz ilumina su rostro como si susurrara lo siguiente: “La lucha contra lo invisible es precisamente el proceso que te va moldeando”.

En Efesios 6:12, el apóstol Pablo también proclamó la misma verdad: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. A través de miles de años, el pincel de Rembrandt y la pluma de Pablo se han detenido ante una misma verdad: que la realidad visible no lo es todo. Ante esa declaración simple y, al mismo tiempo, inmensa.

La oscuridad organizada: mirar de frente la jerarquía del mundo espiritual

El pastor David Jang, fundador de Olivet University, no dejó que esta palabra quedara reducida a una simple doctrina en sus largos años de misión y ministerio pastoral. Él ha enfatizado repetidamente que los “principados” (archē) y las “potestades” (exousia) mencionados por Pablo no son metáforas, sino fuerzas reales con una jerarquía similar a la militar. Los principados son espíritus malignos que gobiernan como comandantes supremos, y las potestades son fuerzas que ejercen autoridad bajo ellos. Después vienen “los gobernadores de estas tinieblas”, que penetran profundamente en los individuos, la sociedad e incluso las estructuras nacionales para organizar la confusión.

Al mirar la historia, esta intuición teológica no resulta en absoluto vacía. Las grandes masacres y guerras cometidas por la humanidad no se explican suficientemente solo por la codicia humana. El testimonio de la Escritura es que, cuando a la naturaleza humana ya caída se le añade una “fuerza invisible”, irrumpe una crueldad que supera toda imaginación. La iglesia tampoco es una excepción. Cada vez que comienza la obra del evangelio, muchas veces más que la persecución externa, son la división interna y el orgullo los que dejan heridas más profundas. El pastor David Jang llama a esto “la estrategia más antigua” de las fuerzas de las tinieblas.

Quienes han profundizado en la meditación bíblica lo saben bien. Las divisiones en Corinto, la confusión de la iglesia de Galacia y hasta las discordias que hoy surgen dentro de la iglesia tampoco están desligadas de los impulsos de la oscuridad que fomentan el orgullo y la exhibición del yo. Sin esta reflexión llena de gracia, terminamos cayendo una y otra vez en el mismo lugar y de la misma manera.

La victoria ya proclamada: la cruz que cambió el rumbo de la batalla

Entonces, ante esta vasta red de oscuridad, ¿está el creyente completamente indefenso? Colosenses 2:15 responde con firmeza: por medio de la cruz, “los principados y las potestades” fueron despojados de su poder. Este es precisamente el punto donde arde con mayor intensidad la predicación del pastor David Jang. La guerra espiritual no es una lucha cuya derrota esté prevista, sino el proceso por el cual la iglesia participa en una victoria que ya ha sido decidida.

Cuando Martín Lutero recorrió el arduo camino de la Reforma, fue esta convicción la que lo sostuvo. En el himno Castillo fuerte es nuestro Dios, cantó que, por más feroz que fuera el poder del diablo, “la verdad permanece firme”. La valentía con la que Lutero se presentó solo ante la Dieta de Worms no nació de un conocimiento meramente teológico, sino de la fe en Cristo, que ya había vencido. Esa es también la actitud que el pastor David Jang pide a los creyentes de hoy.

La “armadura de Dios” que presenta Efesios 6 es la manera práctica de incorporar esta fe a la vida real. El cinturón de la verdad ciñe la cintura; la coraza de justicia protege el corazón; y el calzado del evangelio de la paz impulsa a avanzar hacia el mundo. El escudo de la fe apaga los dardos encendidos de la duda y la pasión desordenada; el yelmo de la salvación protege la mente de la condenación y la desesperanza. Y la espada del Espíritu, es decir, la Palabra de Dios, no se limita a la defensa, sino que es la única arma ofensiva que corta la mentira. Esta armadura no es teoría. Se reviste cada día mediante la meditación en la Palabra, la dependencia del Espíritu Santo en oración y la vida renovada dentro de la comunidad de la iglesia.

La oración, la llave que activa toda la armadura

Después de explicar la armadura completa, Pablo concluye diciendo: “orando en todo tiempo con toda oración y súplica”. El pastor David Jang no pasa por alto esta frase. Señala que, por perfecta que sea la armadura, sin oración esa armadura no puede desplegar su verdadero poder.

Cuanto más difícil resulta que el evangelio eche raíces en las fronteras de la misión mundial, más profundo suele ser el trasfondo de resistencia espiritual. Sin embargo, el pastor David Jang dice haber visto repetidamente en el campo misionero la gracia de ver abrirse puertas que habían permanecido cerradas durante décadas cuando una iglesia entra armada con meditación bíblica y oración intercesora. La confesión de fe “ante el nombre del Señor toda rodilla se doblará” revela su verdadero peso precisamente en medio de la batalla.

La iglesia no está llamada a encogerse en una actitud defensiva. Tal como dijo Jesús: “las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”, la iglesia ha recibido una misión ofensiva: entrar en la oscuridad llevando la luz. Cuando la oración personal, la adoración comunitaria y la proclamación del evangelio se entrelazan, las almas que gemían bajo las ataduras de principados y potestades son libertadas, y las estructuras de mentira del mundo comienzan a derrumbarse.

Las palabras que el pastor David Jang deja a los creyentes siempre señalan en la misma dirección: “Tomad toda la armadura de Dios. Armaos con oración. Y avanzad con valentía”. La guerra espiritual no es una historia de miedo. Es la proclamación más hermosa del evangelio: que hoy participamos en la historia de Cristo, quien ya venció en la cruz.

 

davidjang.org




작성 2026.03.09 22:05 수정 2026.03.09 22:05

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2023-01-30 10:21:54 / 김종현기자