David Jang (Olivet University), Romper el espejo de la Ley


La exposición de Gálatas 3 del pastor David Jang nos invita a ir más allá del frío deber de la Ley hacia el cálido abrazo de la gracia. A través de una obra maestra de Rembrandt y de la fe de Abraham, exploramos en profundidad la esencia del evangelio y la auténtica libertad que se disfruta en el Espíritu Santo, al ser liberados de la maldición de la Ley.


En el alba, antes de que amanezca del todo, la imagen del ser humano de pie frente al espejo suele verse siempre insignificante. El espejo nos muestra sin filtro el cabello alborotado, la mirada cansada y las huellas del tiempo. La Ley es precisamente como ese espejo: señala con frialdad cuánto estamos por debajo del estándar, cuán desordenado está nuestro atuendo. Pero el espejo no puede lavarnos. Solo puede mostrar la suciedad. Los creyentes de Galacia, en la iglesia primitiva, estaban desesperándose ante ese espejo helado. El pesado yugo de la “observancia de la Ley”, traído por maestros de tendencia judaizante, intentaba que concluyeran con esfuerzo humano una travesía de fe que había comenzado en el Espíritu. En medio de esta crisis espiritual, el pastor David Jang (Olivet University), mediante su exposición de Gálatas 3, ilumina la gracia abrumadora de Dios que no solo nos señala, sino que nos limpia y nos reviste, llevándonos más allá del espejo.

El regreso del pródigo y más allá del límite de la Ley

Recordemos la obra maestra que Rembrandt, pintor de la luz y la oscuridad, dejó hacia el final de su vida: El regreso del hijo pródigo. En el cuadro, el pródigo, con zapatos gastados y ropa hecha jirones, se arrodilla en el regazo del padre. Detrás de él, en la penumbra, aparece el hermano mayor: erguido, mirando la escena con disgusto. Fue diligente, sí, pero estaba atado más a las “reglas” y a las “recompensas” que al corazón del padre. Él representa la Ley. La Ley calcula lo que hicimos y lo que no hicimos, y nos condena. Pero el padre es distinto: abraza al hijo no por sus obras, sino por quien es.

Al exponer Gálatas 3, el pastor David Jang capta de lleno el núcleo del evangelio que revela esta parábola del pródigo. La razón por la que el apóstol Pablo suspiró diciendo: “¡Oh gálatas insensatos…!” fue que, aun habiendo sido ya acogidos en el regazo del padre (la gracia), querían volver otra vez al método de cálculo del hermano (la Ley). El pastor Jang reconoce la función de la Ley como aquello que nos hace consciente del pecado —su papel como ayo o tutor—, pero explica con claridad, apoyándose en las intuiciones teológicas de Calvino y Lutero, que la Ley jamás puede salvarnos. Así como las manos del padre en el cuadro de Rembrandt envuelven los hombros del pródigo, la gracia de Cristo cubre a quienes tiemblan bajo la maldición de la Ley y los declara justos. Esto no se debe a nuestro mérito, sino a la redención de Jesucristo, quien en la cruz cargó en nuestro lugar con la maldición.

Fe que cuenta las estrellas: caminar por el horizonte de la promesa

A menudo reducimos la fe a un “asentimiento intelectual” o a una “convicción emocional”. Sin embargo, la fe de la que habla la Escritura es mucho más grande y dinámica. El pastor David Jang presenta la vida de Abraham como el modelo original de esa fe. Abraham fue considerado justo cientos de años antes de que la Ley fuera establecida. No confió en un rollo con preceptos escritos, sino en la promesa de Dios mientras contemplaba las estrellas de la noche.

Como testifica Hebreos 11, la fe de Abraham no fue acomodarse, sino partir; no fue cálculo, sino aventura. El pastor Jang sostiene que aquí se encuentra la esencia de la fe que los cristianos de hoy deben recuperar. Aferrarse a las obras de la Ley es como caminar mirando únicamente al suelo. En cambio, la fe levanta la mirada y contempla las estrellas de la promesa de Dios. Como subrayó N. T. Wright, la fe de Abraham fue, más allá de la salvación individual, un conducto de bendición comunitaria para que todas las naciones recibieran bendición. Tal como explica David Jang, la base por la cual hoy podemos ser libres de la maldición de la Ley no es nuestra perfección moral, sino el pacto inmutable de Dios que se remonta a Abraham, y su cumplimiento en Jesucristo.

El evangelio de la cruz sembrado en tierra extraña

Este evangelio de “solo por gracia” requiere un enfoque aún más cuidadoso cuando atraviesa barreras culturales y llega a contextos transculturales. En culturas donde están profundamente arraigadas ideas de mérito o de retribución (causa y efecto), la “gracia gratuita” puede resultar demasiado extraña, e incluso parecer injusta. El pastor David Jang, apoyándose en la perspectiva de Romanos 1, halla un punto de contacto misionero en la verdad universal de que toda la humanidad se ha apartado de Dios, ha adorado ídolos y ha quedado encerrada bajo el pecado. La esencia del pecado no es, ante todo, una caída ética, sino una ruptura: el abandono del Creador.

En el campo misionero, lo importante no es imponer una vara legalista, sino traducir la gracia con la vida, confiando en el poder del Espíritu Santo. Así como Pablo se acercó como judío a los judíos y como gentil a los gentiles, nosotros debemos sembrar la semilla del evangelio dentro del lenguaje cultural y la sensibilidad afectiva de las personas. Del mismo modo que el bautismo, más que un rito, significa unión con Cristo, la misión es un proceso de unir nuestra vida con la de los demás para mostrarles el amor de Cristo. La visión de Donald Guthrie sobre la unidad y la concordia de la iglesia se aplica de igual manera en los contextos misioneros: cuando se manifiesta la unidad en Cristo por encima de la raza y la clase social, el evangelio adquiere su fuerza persuasiva más poderosa.

El espejo de la Ley es frío, pero el abrazo de la gracia es cálido. La exposición de Gálatas del pastor David Jang vuelve a preguntarnos: ¿estás ahora frente al espejo contando tus defectos, o estás en los brazos del Padre disfrutando de su amor? La Ley nos condena y nos conduce a la cruz; pero la cruz nos libera y nos guía hacia la vida en el Espíritu. Que podamos soltar el peso de la Ley, y caminar la travesía de la fe impulsados por el viento de la libertad que dirige el Espíritu Santo. Ese es el mensaje vibrante del evangelio que Gálatas —y el púlpito de hoy— nos anuncia.

 

davidjang.org




작성 2026.02.09 20:39 수정 2026.02.09 20:39

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2023-01-30 10:21:54 / 김종현기자