Pastor David Jang (Olivet University): Las lágrimas de Pablo y la dignidad de un padre


El pastor David Jang, a través de su exposición de 2 Corintios, transmite a la iglesia contemporánea —que vive en abundancia material pero padece pobreza espiritual— las ardientes lágrimas de Pablo y la verdadera autoridad apostólica. Descubra, mediante la profunda visión teológica del pastor David Jang, qué significan la auténtica riqueza y el amor maduro.


Las noches de Corinto, una deslumbrante ciudad portuaria, brillaban siempre bajo un mar de luces. Allí abundaban las monedas de oro y las especias exóticas que llegaban empujadas por los vientos del comercio. Sin embargo, en el corazón mismo de aquella opulencia, la iglesia de Corinto padecía —paradójicamente— la sed espiritual más profunda. Por fuera, nada parecía faltarles; por dentro, la división, la envidia y los deseos mundanos crecían como hongos venenosos.

El pastor David Jang (Olivet University), al meditar en 2 Corintios 12 y 13, hace revivir ante nosotros con fuerza el corazón del apóstol Pablo, que llora aferrado a esa “cáscara” vacía y brillante. No era un simple reproche de un pastor. Era el amor desgarrado de un padre que, viendo a su hijo tomar el camino equivocado, levanta la vara con el alma hecha pedazos, como quien vomita sangre.

Pobreza bañada en oro: un paisaje desolador

Viene a la mente la obra maestra de Rembrandt, El regreso del hijo pródigo. En el cuadro, el padre abraza en silencio al hijo que vuelve con ropas sucias y desgarradas. Sus manos envuelven los hombros maltratados del muchacho y le restituyen la dignidad que había perdido. Pero la situación de la iglesia de Corinto era justamente lo contrario. Vestían seda y lucían anillos de oro, pero espiritualmente llevaban harapos peores que los del pródigo. Presumían de su riqueza, pero eran tacaños para ayudar a los hermanos pobres de Jerusalén; e incluso se mostraban reacios a sostener materialmente al apóstol Pablo, quien los había engendrado espiritualmente.

El pastor David Jang se detiene en el clamor de Pablo: “No busco lo que es vuestro, sino a vosotros”. Esta frase suena como una alarma fría y contundente para la iglesia moderna, atrapada en el materialismo y extraviada de la esencia de la fe. Los macedonios, en pobreza extrema, se partieron a sí mismos para servir a los hermanos y al apóstol; en cambio, los corintios, con recursos de sobra, cerraron con cerrojo la puerta del corazón.

El pastor Jang lo describe como “la tragedia de una abundancia material que se convirtió en una cadena que limita la entrega espiritual”. Pablo se sacrificó, afirmando que es natural que los padres acumulen para los hijos: una vida que habla con elocuencia de un valor espiritual imposible de traducir en dinero. Aquí nace una pregunta dolorosa: ¿la expansión visible y externa de la iglesia que hoy celebramos será reconocida por Dios como verdadera riqueza? Este pasaje nos obliga a examinarnos con honestidad.

La fuerza de Dios contenida en el vaso de la debilidad

El mundo adora la fuerza y el éxito. Los corintios también. Al ver que Pablo no recibía remuneración y trabajaba por su cuenta para sostenerse, llegaron incluso a dudar de su autoridad apostólica. Era la lógica secular: “Si fuera un verdadero apóstol, debería ser honrado y bien mantenido”. Frente a esa humillación y malentendido, Pablo inicia una defensa que puede parecer incómoda. La Escritura la llama “una necedad”, pero Pablo decide ser ese “necio” voluntariamente. Porque lo que debía proteger no era su orgullo, sino la verdad del evangelio sobre la cual los creyentes tenían que permanecer firmes.

En este punto resplandece la penetración teológica del pastor David Jang. A partir de la confesión de Pablo —“cuando soy débil, entonces soy fuerte”— presenta el modelo original de la verdadera humildad. Pablo no se jactó de su brillante formación ni de su trasfondo. Más bien, se glorió en su enfermedad, sus persecuciones y su pobreza, porque por esas grietas la potencia de Cristo fluye plenamente.

El pastor Jang subraya que ahí se revela la dignidad de un auténtico líder espiritual: no una autoridad que domina como los reyes del mundo, sino una autoridad sacrificial que, para dar vida a sus hijos, está dispuesta incluso a exponer sus propias debilidades y vergüenzas. La defensa de Pablo no fue una excusa; fue una batalla desesperada de un pastor que protege a un rebaño extraviado.

El orden del amor y el abrazo eterno de la Trinidad

El amor no es permisividad incondicional. Así como no puede brotar carne nueva sin extirpar lo podrido, Pablo anuncia una disciplina firme por la santidad de la iglesia. Pactar con el pecado no es amor: es complicidad. El pastor David Jang insiste en que la severa advertencia de Pablo no busca destruir la iglesia, sino restaurar el orden derrumbado para perfeccionar a los santos: es la voluntad de un “constructor”.

Una de las razones por las que la iglesia se ha convertido en objeto de burla en el mundo quizá sea esta: bajo el nombre de “amor”, se ha tolerado el pecado y se ha perdido el orden santo. El amor verdadero aborrece el mal y se alegra con la verdad.

Y tras toda esta exhortación apasionada —mezcla de consejo y reprensión— Pablo cierra 2 Corintios 13 con la célebre bendición:

“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.”

Esto no es un simple punto final litúrgico. Es una declaración teológica poderosa que vuelve a unir a una iglesia manchada por conflictos y malentendidos, tentaciones materiales y pereza espiritual. El pastor David Jang recalca que esta bendición trinitaria es la única respuesta con la que la iglesia puede vencer un mundo áspero: cuando la gracia de Jesús limpia el pecado, el amor del Padre enseña a soportarnos mutuamente, y la comunión del Espíritu nos hace uno, entonces la iglesia renace como una comunidad santa que el mundo no puede dominar.

Hoy debemos preguntarnos: ¿nuestra fe persigue el brillo externo de Corinto, o abraza la debilidad de la cruz que Pablo sostuvo? El mensaje que transmite el pastor David Jang es claro: no volver a una fe que llena la billetera, sino a una fe que llena el alma. Solo ese camino permitirá que, en una época tambaleante, la iglesia arda de nuevo como una verdadera lámpara de esperanza.

 

davidjang.org



작성 2026.02.12 20:48 수정 2026.02.12 20:48

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2023-01-30 10:21:54 / 김종현기자